El VIH desde el punto de vista del paciente

Guillermo López, educador social de Apoyo Positivo, cuenta su experiencia como paciente de VIH ante una audiencia que en un futuro no muy lejano formará parte de la comunidad sanitaria. Sentado en el chester de #compartirmomentos junto a Jorge Garrido, amigo y compañero, además de director de Apoyo Positivo, comienza la entrevista diciendo que recibió la noticia de su positivo en VIH a través de atención primaria de una forma muy fría, y sin ningún tipo de información.

Guille, como le llaman cariñosamente sus compañeros, echa en falta referentes tanto sociales como humanos cuando se conoce la noticia, y sobre todo, comprensión.

“Siempre hay un antes y un después de recibir el diagnóstico. Pero al recibirlo, falta un trato más humano. Cuando yo le hacía preguntas a mi médico de atención primaria, no me sabía dar respuesta. Hace falta que una persona diagnosticada por VIH tenga inmediatamente referentes”.

Y además, está el enfrentamiento al estigma y a los propios prejuicios que la sociedad tiene prefijados sobre el VIH, que no conoce la realidad actual en la que con una carga viral indetectable, el VIH es intransmisible, y que con tratamiento, la vida de una persona con VIH puede ser perfectamente normal.

A pesar de esos prejuicios, el paciente que acaba de conocer la noticia siente miedo en un principio. Guille recuerda que cuando era más joven, en los años 90, sus propios padres, le decían que no respirase si coincidía en el ascensor con una persona de la que habían escuchado que tenía VIH, “o que no me bañase en la misma piscina”.

“Al ser estos los referentes, cuando se conoce el diagnóstico es normal que pienses que la sociedad te va a rechazar.”

Guille cuenta también cómo el estigma sobre todo se complica en las relaciones más íntimas, porque para la persona que convive con VIH, es difícil saber cuando hacerse visible o contarlo, arriesgándose a perder relaciones o personas por falta de información y formación.

Y es que según una encuesta que se presentó también durante el acto realizada por Apoyo Positivo, todavía se producen conductas de estigmatización frente a pacientes que conviven con el virus, principalmente porque la enfermedad del sida y la infección por VIH se ha mediatizado durante mucho tiempo provocando actualmente la serofobia. Entre estas conductas, por ejemplo, tan solo el 32 % de los encuestados tendría una relación sexual esporádica con una persona con VIH y al menos el 40% consideran que los padres de un alumno con VIH deberían informar al colegio en el que estudia su hijo. Es por este preciso motivo por el cual, hacerse visible o no para un paciente de VIH es un tema complicado, ya que sabe de antemano que conlleva discriminación en muchas situaciones cotidianas.

Queda claro que el estigma tiene muchas direcciones, y el principal factor de nuevas transmisiones es la serofobia.

Para las personas en general, tener VIH no es un indicador de tener relaciones desprotegidas sino que es la desconfianza que le puede generar una persona en concreto. Al estar con una chica o un chico del que hemos oído que ha tenido muchas relaciones, nos preocupamos, pero no nos ponemos en alerta con otras personas que sí nos dan confianza. Y tener relaciones desprotegidas en un entorno o con personas que consideramos de confianza no es signo de tener relaciones libres de VIH.

La realidad sobre el VIH es tozuda. A pesar de ser actualmente una infección totalmente controlada gracias a los avances médicos en los últimos años, sigue siendo motivo de rechazo por parte de la población a cualquier persona identificada por VIH. Por eso Guille lo dice bien alto:

Estoy aquí, tengo VIH, me considero una persona con una salud controlada y tengo mis historias y mis proyectos y toda una vida por delante.

 

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